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La Cara Oculta de Esperanza Aguirre
Su control de casi todos los resortes del poder económico y local en Madrid es personal. No delega. Nombra y reparte cargos a cualquier nivel. Bajo el régimen de Esperanza Aguirre nadie se fia de nadie.
Su control de casi todos los resortes del poder económico y local en Madrid es personal. No delega. Nombra y reparte cargos a cualquier nivel. Bajo el régimen de Esperanza Aguirre nadie se fia de nadie.
E l primer logro de Esperanza Aguirre en Madrid fue promover la plantación de un millón de árboles en la capital durante su etapa como concejal de Medio Ambiente en el Ayuntamiento. Así lo hacen constar las biografías oficiales. Durante su primera campaña como candidata a la presidencia de la Comunidad, una persona de su entorno la recomendó que no abusara en público de ese resultado.
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La recomendaron vestir de Zara para aliviar su imagen de marquesa consorte y la pasearon por los pueblos
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“Maltrata a los que percibe como débiles. Es de las que tutean a quienes sabe que no la pueden tutear”
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Con Aguirre en el Gobierno, Telemadrid supera el listón: censura y parcialidad son vicios generales
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El poder que emana de Aguirre y González explica que germine el juego sucio en defensa de intereses particulares
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Anunció que si los jueces daban la razón a los médicos del Severo Ochoa serían readmitidos. Tras el fallo judicial no hizo nada
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“La ideología liberal de Aguirre es pura fachada. Su comportamiento está más cerca de Hugo Chávez que de Merkel”
-No vaya a ser que alguien se ponga a contarlos.
La maquinaria del Partido Popular en Madrid preparó con profesionalidad la campaña de una candidata como Esperanza Aguirre a las elecciones autonómicas de 2003 para dar satisfacción a una apuesta personal del presidente Aznar, que quiso jugar al ajedrez con el destino. Un recién llegado Zapatero había colocado a Trinidad Jiménez como cartel electoral del PSOE al Ayuntamiento. Zapatero quería la capital y Aznar movió ficha: defendería la plaza con un peso pesado como Gallardón y dejaría la Comunidad para Aguirre.
No había mucho tiempo para cambiar la imagen de una candidata cuya gestión al frente del Ministerio de Educación y Cultura era mejor recordada por sus meteduras de pata y su desparpajo ante las cámaras del programa Caiga quien caiga que le dedicaba semanalmente un espacio estelar. Esa popularidad televisiva era un punto a favor. Por lo demás, Aguirre no tenía ningún peso político en el partido en Madrid. No conocía la realidad de Madrid. Tampoco tenía equipo, salvo un cuarteto de asesores externos con los que se reunía periódicamente en la sede que por entonces tenía la Fundación FAES en la calle de Velázquez. En ese cuarteto figuraban dos periodistas: Miguel Ángel Rodríguez, primer portavoz del Gobierno Aznar, y Manuel Soriano, quien fuera su jefe de prensa en el ministerio. De la importancia de estos asesores se supo tiempo después.
La maquinaria del partido diseñó una estrategia sencilla. La recomendaron vestirse al estilo Zara para aliviar su imagen de marquesa consorte y la pasearon por los pueblos de Madrid, a la sombra de Ruiz-Gallardón. Su capacidad para conectar con el ciudadano medio era evidente pero, al mismo tiempo, su desenfado era temerario: no parecía afectarle demasiado dejar al desnudo su ignorancia ante alcaldes y técnicos. En una primera reunión con los consejeros de la Comunidad de Madrid para empaparse de la realidad de la región, Esperanza Aguirre dejó impresionados a los presentes. Lejos de adoptar una actitud humilde, terminó tachándoles de socialdemócratas. Y luego estaban algunos otros detalles menos conocidos de su personalidad: durante el desplazamiento a un acto electoral era capaz de pasarse el viaje discutiendo con el chófer sobre la ruta a seguir antes que aprovechar el tiempo para repasar el discurso. Aguirre era un personaje caótico y temerario. No ocultaba la irritación que le producía tener que cerrar los actos después de su compañero de partido, de quien envidiaba que su campaña disfrutara de mayor presupuesto. Su entorno comenzó a vivir emociones fuertes. Ante la posibilidad de una derrota electoral vistas las encuestas y que su imagen no acababa de despuntar, soltó una frase lapidaria que sorprendió a quienes la escucharon: “Si pierdo, será culpa de Aznar”.
Esperanza Aguirre era por entonces un personaje secundario en el partido. Cinco años después, nadie puede afirmar lo mismo.
Un lustro después, Aguirre ha tomado al asalto buena parte de las instituciones del poder local madrileño. Y domina el partido en Madrid. Cinco años después, Aguirre es reconocida como seria candidata a la presidencia nacional del PP si Rajoy termina por sufrir un nuevo fracaso. Quiere ser presidenta del Gobierno. No oculta sus intenciones. Una poderosa maquinaria propagandística está de su parte y en ello tienen mucha responsabilidad aquellos asesores externos de la calle de Velázquez. Aguirre ocupa mucho espacio. Hace oposición a su propio partido y al Gobierno central. Es tan incómoda para Rajoy como pueda serlo para Zapatero. En una biografía autorizada escrita en 2006 por la periodista Virginia Drake, titulada sin inocencia Esperanza Aguirre. La presidenta, recibe calificativos como “leal”, “brutalmente sincera”, “austera”, “decidida”, “mandona” e “hiperactiva”. El libro resalta un lema que guía su conducta: “Delega todo, menos la supervisión”. El libro podría haberse enriquecido con otros calificativos que se desprenden de los comentarios de personajes que colaboran o han colaborado con ella en los últimos tiempos. Populista. Temeraria. Obcecada. Trabajadora. Ambiciosa. Caótica. Implacable. Astuta. Intolerante. Déspota. Sobre su capacidad para delegar decisiones existe un criterio unánime: ninguno de sus consejeros tiene autonomía de decisión. Aguirre controla con mano de hierro los aspectos fundamentales de la gestión. Y a veces, incluso, los accesorios.
“Es capaz de discutir con los arquitectos o los ingenieros aspectos técnicos de una obra aun siendo consciente de su ignorancia en la materia. Puede obligar a ubicar la instalación de una estación de metro donde se le ocurre, dando la impresión de que la opinión que ha escuchado a un vecino pueda tener el mismo peso que el dictamen de un experto. Puede hacer la pregunta más peregrina sobre el mobiliario de un edificio en construcción. O puede obligar a pintar de nuevo la fachada de un hospital porque no le gusta el color”, recuerda un ex consejero.
Otro colaborador no reprime su opinión: “Maltrata a los que percibe como débiles, lo cual es una condición muy propia de personas de la clase alta. Es de las que tutean a quienes sabe que no la pueden tutear”. Este aspecto menos conocido de la personalidad de Aguirre se manifiesta desde antaño. La conoce quienes han sido víctimas de su forma de ejercer la autoridad. Elena Salgado, actual ministra de Administraciones Públicas, ha tenido serios enfrentamientos con Aguirre, los más notorios durante su periodo como ministra de Sanidad como consecuencia de la resistencia de Aguirre a aplicar las normas de la ley antitabaco en la Comunidad de Madrid. Pero Elena Salgado fue durante unos meses directora de la Fundación Teatro Lírico, responsable por tanto del Teatro Real de Madrid, dependiente del Ministerio de Educación y Cultura en aquel entonces, cuyo titular era Esperanza Aguirre. Elena Salgado nunca ha olvidado la llamada telefónica en la que Aguirre le comunicó su cese. El tono y el contenido de esa breve conversación dice mucho sobre ciertos rasgos de Aguirre. Quiso ser amable y al mismo tiempo implacable. Y astuta, porque dejó la huella de un culpable.
-Elena, siento decirte esto porque nuestros hijos van al mismo colegio, pero el secretario de Estado me ha dicho que no puedes seguir en el cargo ni un minuto más.
Aguirre podía parecer una candidata débil y sin apoyos políticos en la primavera del año 2003. Es más, su carrera política parecía acabada tras su fracaso electoral en Madrid frente a un candidato sin gancho como el socialista Rafael Simancas. La derrota de Aguirre significaba el primer gran éxito de Zapatero. Sin embargo, un suceso grave, extraño y nunca suficientemente investigado, modificó su destino: los diputados socialistas Tamayo y Sáez cambiaron inexplicablemente el sentido de su voto en la Asamblea de Madrid y alteraron la decisión popular. Las elecciones debieron repetirse y Aguirre conquistó la presidencia en octubre. Aquel asunto dejó un rastro maloliente procedente de las alcantarillas de la política madrileña. ¿Qué estaba pasando en Madrid? ¿Qué extraños intereses se cocinaban? Cinco años después, cuando el asunto parecía olvidado, vuelve el mal olor a la capital: los políticos se espían unos a otros, circulan informes comprometedores, florecen ex policías haciendo tareas de vigilancia y agencias de detectives pagadas por quién sabe quién. Y en el centro de ese círculo vicioso vuelve a estar Esperanza Aguirre.
Claro está que todo parecía haber cambiado en un lustro. Radicalmente. Aguirre se había convertido en un peso pesado del Partido Popular. Su tenacidad había superado la prueba. Algunos de aquellos asesores externos a quienes gente del partido no tomaron en consideración en el año 2003 revelaron su decisiva influencia tiempo después. Manuel Soriano, por ejemplo, fue nombrado director de Telemadrid. Su trabajo no pasó desapercibido tras desmontar unos servicios informativos que gozaban de cierta credibilidad.
Telemadrid superaba el listón. Censura y parcialidad son vicios generales en las cadenas autonómicas. Pero algunos sucesos demostraban que Telemadrid estaba al servicio no sólo de la presidenta, sino de una estrategia de calado político de más altos vuelos. Un ejemplo bien patente fue una tarjeta manuscrita de Manuel Soriano dirigida al jefe de gabinete de Esperanza Aguirre, Regino García-Badell Arias. Con relación a un documental sobre la investigación de los atentados en Madrid del 11 de marzo de 2004 (Tres días de marzo), Soriano escribía: “Pásaselo a la presidenta”, rezaba el manuscrito, “creo que ha quedado bastante bien cinematográficamente… e ideológicamente”. Para ser un presunto reportaje de investigación, el término “ideológicamente” era bastante significativo. Tiempo después, Telemadrid fue protagonista de otro episodio: la manipulación de un reportaje para demostrar que el aeropuerto de Barajas era un coladero de inmigrantes. Unos reporteros guiados por un policía manipularon una puerta de acceso para hacer creer que se podía evitar el control policial. Los manipuladores no se percataron de que estaban siendo grabados por unas cámaras de seguridad.
Tras la televisión, Esperanza Aguirre inició una implacable conquista de todas y cada una de las instituciones de poder local y económico de la capital. En el capítulo económico, no le importó provocar algunos conflictos para hacerse con los mandos del Ifema o la Cámara de Comercio. También ha mantenido disputas con el Ayuntamiento de Madrid en Metro o el Consorcio Turístico. Y últimamente se ha lanzado al asalto de Cajamadrid, su maniobra más reciente, todavía sin consumar. En el terreno político, primero actuó en la Comunidad, donde fue barriendo a todos cuantos mostraron cierto grado de fidelidad al alcalde Gallardón. Luego, cerró el círculo con el PP en Madrid.
Aguirre no tardó mucho en mostrar otros rasgos de su personalidad tanto en labores de oposición como en la gestión de algunos casos especialmente sensibles. Uno particularmente grave fue el conocido como caso de las sedaciones en el hospital de Leganés. A primeros de marzo de 2005 llega una denuncia anónima al despacho del consejero Manuel Lamela acerca de 400 supuestas sedaciones irregulares en pacientes terminales del hospital Severo Ochoa de Leganés, con resultado de fallecimiento. Esa denuncia ponía en entredicho la honorabilidad de 11 médicos, dirigidos por Manuel Montes, responsable de las urgencias de dicho hospital, la mayoría de ellos doctores de conocida ideología política izquierdista. Una denuncia parecida había sido investigada en el año 2003, con el PP en el Gobierno de Madrid, y sobreseída tras una profunda inspección que concluyó con un elogio a la profesionalidad de Montes y su equipo. Lamela, sin embargo, decide llevar el caso adelante y hacerlo público, momento a partir del cual se monta el escándalo con Telemadrid al frente de las operaciones junto a otros medios informativos que acusan a los médicos poco menos que de asesinos. Tras el caso emerge un debate ideológico acerca de la eutanasia. A pesar de las dudas que despierta la rigurosidad de la denuncia, Esperanza Aguirre defiende la posición de Lamela y termina dirigiendo la polémica. Los médicos son apartados de sus funciones, algunos deben emigrar a otra comunidad autónoma porque se les advierte de que no encontrarán un puesto de trabajo en la sanidad madrileña. Se nombran comisiones con expertos afines y se judicializa el caso esperando una sentencia favorable. Aguirre llegó a manifestar que si los jueces daban la razón a los médicos, éstos serían readmitidos. Tras tres años de penalidades, de informes favorables, de dura batalla legal, los médicos imputados fueron exonerados de toda mala praxis. Aguirre no movió un músculo. No los readmitió. Poco pareció importar las consecuencias que tuvo aquel caso para los pacientes terminales de muchos hospitales. Demasiada gente murió en medio de un sufrimiento innecesario. Según Aguirre, aquella fue una batalla política más. Y, como suele sucederla con frecuencia, nunca aceptó la derrota.
La conquista del poder en Madrid se produjo palmo a palmo. Aguirre no se ha limitado a una política clásica de nombramientos de hombres clave en puestos clave. Ni siquiera acepta de buen grado que haya familias a su alrededor. A pesar de lo que reza su biografía oficial, no delega. Nombra. Y nombra a cualquier nivel: no permite que cada consejero se haga su propio equipo al completo. Elige desde una secretaria, hasta un director general o un secretario técnico, pasando por un viceconsejero. “Que se lo pregunten a Luis Peral (consejero de Educación), que conoció a su viceconsejero en su toma de posesión”, cuenta un ex consejero. Así que el círculo que rodea a la presidenta es al mismo tiempo muy estrecho y muy amplio. Y ahí está la clave de su poder.
Porque la toma de decisiones importantes se adopta en el círculo más estrecho. Realmente, sus colaboradores más cercanos, sus fieles, son muy pocos. Tres, según las fuentes consultadas: Regino García-Badell, su jefe de gabinete y sobrino del difunto presidente del Gobierno franquista Carlos Arias Navarro, al que un director general que le conoce con profundidad define como “un hombre desencantado de la política que proviene del anarquismo”. García-Badell es quien prepara los discursos de Aguirre y quien elabora los resúmenes de algunos asuntos importantes. Luego está Javier Fernández Lasquetty (colaborador de Aguirre en el Ayuntamiento de Madrid, el Ministerio de Educación y en el Senado, secretario general de FAES y actual consejero de Inmigración y Cooperación). Y naturalmente, Ignacio González, el vicepresidente, considerado como la mano derecha de Aguirre en la gestión de sus estrategias. Son los aguirristas en estado puro. El resto son recién llegados, procedentes de diferentes sectores, peones en la estrategia conquistadora de la presidenta, una suerte de ex gallardonistas (Cortés y Beteta), de hombres de Rato (Güemes), de supervivientes del entorno de Álvarez del Manzano y de amigos o compromisos de Aznar. Aguirre ha utilizado el poder para tejer una tupida red de clientelismo llevada en algunos casos al extremo.
Porque Aguirre despacha con sus tres fieles pero atiende a todo aquel que la llame. Conocida es su adicción al teléfono móvil, del que no se separa y que utiliza a cada momento, bien para enviar mensajes, bien para comentar algún detalle a cualquier hora del día por inhóspita que pueda parecer. Aguirre no descansa. Duerme cuatro horas, según su biografía autorizada. Descansa apenas un cuarto de hora después de la comida, según sus colaboradores, en un tresillo ubicado en su despacho privado, mucho más pequeño que el oficial. Allí se siente como en casa. Atiende algunas reuniones sin importar su aspecto: “Estaba descalza”, recuerda un colaborador, “envuelta en una pequeña manta y con las medias bajadas hasta los tobillos”. Aguirre escucha a mucha gente y de muy distinta procedencia y ésa es una de las claves de su poder. Lo mismo se informa a través de una secretaria, que de un director general.
La consecuencia es que ella aparenta estar en todo. Ningún consejero tiene autonomía en las grandes decisiones del gasto. Todo debe pasar por lo que se conoce como la “preparatoria”, una especie de reunión previa a la Junta de Gobierno, a imagen y semejanza de una comisión de subsecretarios. Todas las inversiones pasan por Ignacio González. Y mucha gente reporta información a Esperanza Aguirre, de tal forma que cuando llega la reunión de la junta de Gobierno, cualquier consejero puede encontrarse con sorpresas. Esperanza puede hacer cualquier pregunta inesperada. O contestar al consejero con frases como “pues tu director general no piensa lo mismo” o “tu viceconsejero opina lo contrario”. Aguirre es especialmente astuta a la hora de gestionar los enfrentamientos entre sus colaboradores.
Ese comportamiento ha propiciado que, en el Gobierno de Madrid, nadie se fíe de nadie. Nadie tenga equipo. No haya familias. ¿Qué seguridad puede tener un consejero en lo que hace si cualquier persona de su departamento informa a la presidenta? La desconfianza, el enfrentamiento, el control absoluto que emana de Aguirre y González explica que germine el juego sucio en la defensa de intereses o ambiciones particulares. Un juego sucio que nunca parece haber abandonado la política madrileña.
La crisis de los espías ha puesto de manifiesto que las vigilancias o la elaboración de dossiers comprometedores no responden a un solo caso, ni apuntan en una sola dirección, ni siquiera datan de unas fechas en concreto: el rastro de los dossiers y las declaraciones de los presuntos afectados revela una acción continuada en el tiempo, que recorre de principio al final el lustro de Aguirre en la presidencia de la Comunidad, desde cuando el vicealcalde Manuel Cobo aspiró inútilmente a dirigir el partido en Madrid hasta la destitución de dos consejeros fichados por el equipo de Rajoy (Manuel Lamela y Alfredo Prada). Un día después de la destitución de Prada, el 26 de junio de 2008, cuatro funcionarios de la Consejería de Interior registraron un despacho del campus de la Justicia, se llevaron documentos y un ordenador. Dicho despacho dependía de Alfredo Prada.
La revelación de que los consejeros utilizaban tarjetas telefónicas prepago cada 15 días es sintomática. Lo que constituye una práctica habitual de la delincuencia organizada para evitar pinchazos telefónicos de la policía es ahora imitada por políticos madrileños. Que la iniciativa parta del vicepresidente Ignacio González es también elocuente. Precisamente, el excesivo poder de González es el centro de muchas críticas internas en la Comunidad. “No sabemos cómo acabará esto”, reconoce un consejero, “pero nadie se imagina a Esperanza Aguirre sin Ignacio González. Si tiene que caer alguna cabeza, no podrá ser la suya. Esperanza no lo permitirá. Y si no, morirá matando”.
Espionaje, miedo a los pinchazos, lucha de poder. Así es el entorno de la política madrileña. Un entorno que el ex director de Abc José Antonio Zarzalejos denominó como “complicado” en una entrevista donde desvelaba las presiones que había sufrido desde la Comunidad de Madrid durante su etapa como responsable del matutino madrileño. Sobre Esperanza Aguirre, Zarzalejos hizo el siguiente comentario: “Tiene una ambición poco controlada y un entorno que me voy a limitar a calificar como complicado. No conozco a ningún personaje político con poder político y económico que tenga un comportamiento más alejado de algunas prácticas democráticas”. Sobre el liderazgo de la presidenta, un antiguo colaborador ha expresado una opinión tajante: “La ideología liberal de Esperanza Aguirre es pura fachada. Su comportamiento está más cerca de Hugo Chávez que de Ángela Merkel”.
Otros episodios dibujan cómo en Madrid abunda el juego subterráneo y cómo el famoso caso Tamayo y Sáez quizás no fue un hecho aislado. Cuando los casos de corrupción urbanística arreciaban en distintos puntos de la geografía española, sale a colación un presunto caso en Madrid que tiene como protagonista al director general de Urbanismo, Enrique Porto, posteriormente investigado por la Fiscalía Anticorrupción. Tiempo después, Porto debe dejar su puesto. Sin embargo, Aguirre encuentra un nuevo frente sobre el que desviar la atención: el caso Ciempozuelos, que afecta a dos ediles socialistas, Torrejón y Tejeiro. El caso lo destapa un periódico (Abc) y deja algunos puntos oscuros acerca de la filtración de unos documentos desde un organismo oficial, el Sepblac (Servicio de Prevención contra el Blanqueo de Capitales), dependiente del Banco de España. Curiosamente, el juez que inicia las investigaciones, Agustín Carretero, juez decano de Valdemoro, abandona su puesto el 5 de julio de 2007 para servir al Gobierno de Esperanza Aguirre como alto cargo de la dirección general de Política Interior en funciones de gerente de la Academia de Policía. Dicho organismo depende de la Consejería de Interior, cuyo responsable es Francisco Granados. Por su parte, Vicente García Novoa, inspector jefe de policía en el Sepblac, sospechoso de haber ocultado documentación relacionada con el caso, es contratado como asesor por la Consejería de Vivienda de la Comunidad de Madrid. Ambas contrataciones, directamente relacionadas con un caso que benefició los intereses políticos de Esperanza Aguirre, nunca han sido explicados. Para remate, el ex policía García Novoa mantenía una conocida amistad con Álvaro Puerta, tesorero del PP, hombre de Rajoy, conocedor de algunos dossiers en el año 2006, y uno de los presuntos afectados por el espionaje, un extraño caso de testigo y víctima al mismo tiempo.
La investigación judicial tratará de determinar quién espiaba a quién y por qué. La contratación de ex policías y ex guardias civiles para trabajar en una consejería que no tiene competencias en materia policial es indiscutible. Estaban a las órdenes de Francisco Granados, consejero de Presidencia, Justicia e Interior. Que realizaban actividades de vigilancia por encargo es algo más que una sospecha. Las pruebas documentales demuestran que el vicepresidente Ignacio González fue seguido y espiado durante viajes de carácter privado al extranjero. La fusión de altos cargos espiados y altos cargos presuntos jefes de los espías es una bomba de relojería dentro del régimen de Aguirre, una persona que precisamente se vanagloriaba de disponer de información privilegiada. El ambiente en Madrid está altamente contaminado: a la desconfianza se le añade la sospecha. La suma de todo abre una grave crisis en su gobierno.
http://www.losgenoveses.net/Los%20Asuntillos/casosmadrid/casogranados/lacaraocultadeaguirre.htm
La corte de los espías: las guerras internas del Partido Popular explotan en Madrid
A falta de los resultados de la investigación judicial, las informaciones de estos últimos días sobre las supuestas actividades de espionaje llevadas a cabo en el seno del Partido Popular de Madrid, reveladas por el diario El País, han puesto en evidencia, más aún, la división y la desconfianza existente en esta formación política, especialmente desde su derrota en las últimas elecciones generales y, particularmente, en la Comunidad de Madrid.
Pese a los llamamientos a la unidad que han realizado sus líderes, la rivalidad es patente y, como se está viendo, parece haber pasado de las palabras a los hechos. Oficialmente no existen facciones como tales, y las adhesiones a uno u otro bando son, en muchos casos, bastante ambiguas, pero, a grandes rasgos, los equipos están claros: De un lado, la línea más dura que encabeza la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre; del otro, la más contenida del presidente del partido, Mariano Rajoy. Y, junto a este último, el alcalde de la capital, Alberto Ruiz Gallardón, cuya enemistad con Aguirre hace mucho tiempo ya que no es un secreto para nadie, lo que da a la ‘guerra’ una dimensión local añadida.
La situación es especialmente delicada para el PP en cuanto que se produce en vísperas de las elecciones autonómicas gallegas y vascas, y en la medida en que le está impidiendo centrarse en atacar al Gobierno con un argumento, el de la gravísima crisis económica, que tenía en bandeja.
Las implicaciones de la trama de los espías, en cualquier caso, no son sólo políticas. Tienen que ver también con el poder económico (el futuro control de Caja Madrid, según se incline la balanza hacia uno u otro bando), con posibles casos de corrupción (cuando se vaya desvelando el contenido de los dosieres realizados), con la rivalidad entre medios de comunicación (principalmente, por un lado, El País y la Ser en contra de Aguirre, y por otro, El Mundo y la Cope, a favor), y afecta asimismo a los ciudadanos (en el caso de que se confirme que los espionajes se han llevado a cabo con dinero público, por parte de un gobierno regional que no tiene competencias para ello).
Como en todo drama que se precie, lo importante en esta trama son los protagonistas, y es a través de ellos como puede comprenderse mejor un caso cuyas ramificaciones parecen crecer cada día, para desesperación del PP y alivio del PSOE y del Gobierno.
EL PRÓLOGO
Hasta la derrota del PP en las pasadas elecciones generales, sólo habían trascendido casos aislados de enfrentamientos en el seno del partido. Uno de los más notorios, el de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, con el alcalde de la capital, Alberto Ruiz Gallardón.
La victoria del PSOE, no obstante, colocó al presidente del PP, Mariano Rajoy, en una posición delicada, y la corriente crítica empezó a dejarse oír (especialmente tras la decisión de éste de seguir al frente del PP), reclamando una línea de actuación más dura frente al “centro reformista” y “sin etiquetas” del líder popular.
Rajoy cuenta con el apoyo de la mayoría de los presidentes autonómicos, pero tiene enfrente a todo un peso pesado, Esperanza Aguirre. La presidenta de Madrid aspira a sucederle al mando del PP y tiene en su haber la fuerza que le dan sus claras victorias electorales.
La batalla, pues, se libra actualmente en la comunidad madrileña, donde la vieja rivalidad de Aguirre con Gallardón (otro aspirante a la sucesión) se ha visto acrecentada por el apoyo de éste a Rajoy tras las elecciones, y donde la supuesta trama de espionaje interno revelada ahora puede haber hecho estallar las enemistades e intereses contrapuestos existentes en el seno mismo del Gobierno autonómico.
LA TRAMA
Según empezó a revelar el pasado día 19 el diario El País, una unidad de espías a sueldo de la Consejería de Interior de la Comunidad de Madrid, gobernada por el PP, ha estado espiando a políticos y altos cargos de este partido en esta comunidad. La unidad, formada por ex policías y ex guardias civiles, y estaría compuesta, a su vez, por tres equipos que operan de forma paralela.
Posteriormente, el diario El Mundo publicó informaciones según las cuales también el Ayuntamiento madrileño habría contado con una unidad parapolicial, y Esperanza Aguirre, por su parte, trató de implicar al PP nacional al asegurar que Rajoy le había asegurado hace dos años que los dosieres contra uno de los principales espiados estaban en la calle Génova (la sede del partido).
Tanto el consejero de Interior, Francisco Granados, como el alcalde de Madrid, han negado tajantemente las respectivas acusaciones contra ellos.
La Fiscalía de Madrid ha abierto diligencias tras ver indicios de delito.
LOS PRESUNTOS ESPIADOS
IGNACIO GONZÁLEZ
¿Quién es? Es el número dos de la Comunidad de Madrid, vicepresidente primero y portavoz del Gobierno regional. Preside, además, el Canal de Isabel II. Hombre de confianza de Esperanza Aguirre desde que ésta estaba al frente del Ministerio de Cultura, donde ocupó el cargo de subsecretario, González, que le debe el cargo a la presidenta madrileña, salió de la ejecutiva nacional del PP al no ser incluido en ésta por Rajoy en el Congreso del partido, el pasado mes de junio. Mantiene una tensa relación con Francisco Granados, el titular de la Consejería de Interior, de la que, presuntamente, dependían los espías.
¿Cuál es su papel en la trama? Según publicó El País, González ha sido espiado, por agentes al servicio de la Consejería de Interior, durante los últimos ocho meses y en viajes públicos y privados que ha hecho al extranjero. Uno de estos viajes (a Sudáfrica), y de acuerdo con los dosieres desvelados por el diario, habría sido el regalo de un constructor supuestamente beneficiado por la adjudicación de obras públicas. Pedro Antonio Martín, ex secretario de Comunicación de José María Aznar y amigo íntimo de González, acompañó a éste, junto al empresario Enrique Sánchez, en este viaje. Por su parte, Público habla de un dosier de 69 páginas, elaborado en 2006, que recoge el patrimonio de González, así como una serie de adjudicaciones públicas, presuntamente irregulares, hechas por organismos controlados por González, como la vicepresidencia y el Canal de Isabel II. No se sabe aún quién ordenó este dosier. El hecho de que González no sea uno de los rivales declarados de Aguirre, aunque sí de Granados, apoya la teoría de que los equipos de vigilancia pudieron estar funcionando de forma paralela y con métodos y objetivos distintos.
¿Qué ha dicho? Ha calificado los hechos de “gravísimos” y los ha denunciado ante la Fiscalía: “¿Quién tiene tanto interés en hacer dosieres sobre mi vida, hacerme daño en lo personal y en lo político y perjudicar al Gobierno regional y a su presidenta?”
MANUEL COBO
¿Quién es? Es el vicealcalde de Madrid y primer teniente de alcalde del Ayuntamiento de la capital, mano derecha de Alberto Ruiz Gallardón. Está en política regional desde 1991. Perdió frente a Aguirre en sus aspiraciones de presidir el PP madrileño. Apoyó la continuidad de Mariano Rajoy como líder del partido, quien le eligió para formar parte del nuevo comité ejecutivo.
¿Cuál es su papel en la trama? De acuerdo con las informaciones publicadas por El País, fue espiado en sus desplazamientos entre los meses de abril y mayo del año pasado, justo cuando se estaba librando la batalla por el poder en el PP, antes del Congreso de Valencia.
¿Qué ha dicho? Asegura que lo publicado por El País es “exacto” y calificó los seguimientos de “paramilitares”. Ha presentado una denuncia ante la Fiscalía: “Quiero saber quién o quiénes los encargaban [los dosieres] y los pagaban”
ALFREDO PRADA
¿Quién es? Es diputado en la Asamblea de Madrid y responsable del PP para Política Exterior. Fue vicepresidente segundo y consejero de Justicia e Interior de la Comunidad de Madrid hasta que, tres días después del Congreso del PP de junio, en el que Prada apoyó la continuidad del liderazgo de Rajoy y éste le dio un puesto en la dirección del partido, Aguirre prescindió de él y de otros ‘marianistas’, como Manuel Lamela, en la remodelación del Gobierno regional que llevó a cabo. Su posicionamiento en contra de Aguirre, no obstante, no le ha acercado a Gallardón, quien había revocado su nombramiento cuando este último era presidente de la Comunidad de Madrid, en 1995
¿Cuál es su papel en la trama? El País ha publicado que Prada también fue espiado por la supuesta red de espías de la Comunidad de Madrid, concretamente, entre marzo y abril de 2008 (cuando aún era consejero de Justicia e Interior, y apoyaba la continuidad del liderazgo de Rajoy). Los agentes le habrían fotografiado, tanto a él como a sus acompañantes, en diversas actividades, como comidas, encuentros, etc.
¿Qué ha dicho? Está “sopesando la posibilidad de pedir amparo ante la Mesa de la Asamblea” ante lo que ha calificado “una vulneración de todo tipo de derechos”.
JUAN CARLOS FERNÁNDEZ
¿Quién es? Fue director de Seguridad de la Consejería de Justicia y es uno de los hombres de confianza de Alfredo Prada. Tras la destitución de éste, Fernández denunció que le habían robado su ordenador personal. A día siguiente de que Prada fuese destituido, el sucesor de Fernández como director de Seguridad, Sergio Gamón, entró en el despacho de Fernández cuando éste estaba ausente y, según informó El País, se llevó diversos documentos.
¿Cuál es su papel en la trama? Habría sido espiado entre abril y mayo de 2008.
MIGUEL BLESA
¿Quién es? Es el presidente de Caja Madrid desde el año 1996 (cargo al que llegó de la mano de José María Aznar). Está ligado al alcalde, Alberto Ruiz Gallardón, y mantiene un duro enfrentamiento con Esperanza Aguirre, dentro de la batalla por el control de la entidad financiera. Blesa ha recibido duras presiones por parte de la Comunidad: el pasado día 18, tan sólo un día antes de que estallase la trama de los espías, la Consejería de Economía le amenazó con inhabilitarle si no declaraba nula una votación en la que Fernando Serrano (afín a Gallardón) fue elegido presidente de una comisión de control. La Consejería considera que la votación no fue legítima porque Serrano tiene abierto un expediente sancionador.
¿Cuál es su papel en la trama? Según publicó El Economista, citando fuentes próximas a la Guardia Civil, Blesa también fue espiado. El diario señala que, en algunas ocasiones, fue seguido fuera del trabajo, en la vía pública y “en compañía de personas de su círculo más íntimo”.
ILDEFONSO DE MIGUEL
¿Quién es? Es el gerente del Canal de Isabel II, la mayor empresa pública de Madrid, y que pretende privatizar el Gobierno regional. Se trata del número dos del vicepresidente de la Comunidad, Ignacio González (otro de los supuestamente espiados), en esta institución.
¿Cuál es su papel en la trama? La Cadena SER desveló que De Miguel también fue objeto de otro dosier. En él se indicaría que su patrimonio personal asciende a cinco millones de euros y se detallarían asimismo datos de su vida privada. Los espías constataron que una empresa de De Miguel logró presuntamente un contrato de casi dos millones de euros con la Consejería de Justicia en 2007.
¿Qué ha dicho? Llevará el caso a los tribunales, al igual que han hecho González, Cobo y Prada. Ha manifestado “su más profundo rechazo e indignación” ante los seguimientos, que suponen, de haberse producido, “una vulneración de un derecho fundamental” como es su intimidad y la de su familia: “Estas actuaciones sólo tienen, al parecer, la pretensión de dañar mi imagen y honorabilidad”.
ÁLVARO LAPUERTA
¿Quién es? Es uno de los históricos dirigentes del PP y ex tesorero del partido.
¿Cuál es su papel en la trama? El País ha publicado que, en mayo de 2008, y siendo aún tesorero del PP, Lapuerta, denunció ante Rajoy que un aparato al servicio de la Comunidad de Madrid le estaba espiando. Lapuerta exculpó a Aguirre, pero, según El País, dijo que se había enfrentado a algunos dirigentes del Gobierno regional por adjudicaciones de contratos que consideraba irregulares. El Mundo, por su parte, publicó que Lapuerta también ha manejado dosieres que afectan a altos cargos de la Comunidad. En marzo de 2008, y de acuerdo con este diario, Lapuerta dijo a Rajoy que tenía en su poder datos sobre Ignacio González y Francisco Granados.
MARÍA DEL CARMEN RODRÍGUEZ
¿Quién es? Es diputada regional por el PP en Madrid.
¿Cuál es su papel en la trama? Su nombre y la matrícula de su coche figuran también, según El País, en uno de los dosieres del servicio de espionaje.
LOS PRESUNTOS ESPÍAS
FRANCISCO GRANADOS
¿Quién es? Es el consejero de Presidencia, Justicia e Interior de la Comunidad de Madrid y el secretario general del PP en esta comunidad. Sustituyó en el cargo a Alfredo Prada, cargo al que aspiraba también Ignacio González, con quien está enfrentado. Presidió la comisión de investigación de la Asamblea de Madrid que intentó esclarecer las causas de la deserción de los dos diputados socialistas que llevó a Aguirre a la presidencia en 2003.
¿Cuál es su papel en la trama? Sería, según las informaciones de El País, el creador y responsable de las unidades de espionaje a políticos supuestamente dependientes de su Consejería.
¿Qué ha dicho? Ha negado tajantemente las acusaciones, que ha calificado de “novela”, “operación de acoso y derribo contra Esperanza Aguirre” y “gran mentira”. Este viernes, en una comparecencia a petición suya ante la Asamblea Regional, Granados insistió en que no ha ordenado, ni amparado ni conocido “jamás” que se hayan producido seguimientos o espionajes a altos cargos por parte de miembros de su departamento, al tiempo que indicó que se ha iniciado una “información reservada” en la Consejería para aclarar el asunto, si bien avanzó que ésta ha dado “resultados infructuosos”. Reiteró que “es absolutamente falso” que dentro de la Consejería se haya creado un departamento que tenga como finalidad el seguimiento o espionaje de persona alguna.
MARCOS PEÑA
¿Quién es? Ex inspector de policía y ex jefe de seguridad de Iberdrola, es el jefe del departamento de asesores de Seguridad de la Consejería de Interior. Fue contratado por Granados en junio del año pasado. El País informó de que es el autor de un dosier cuyo objetivo era “desprestigiar al Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero con información falsa, según una sentencia judicial de enero de 2008″.
¿Cuál es su papel en la trama? Sería, de nuevo según El País, el director del equipo de espionaje formado por varios ex guardias, encargado de realizar los dosieres.
¿Qué ha dicho? En una entrevista a El Mundo, Peña calificó las informaciones de El País de “falacia y montaje para perjudicar a la presidenta de Madrid”. Por otro lado, a El País declaró que “en ningún caso” ha espiado a políticos ni ha participado en la elaboración de dosieres sobre tramas de corrupción relacionadas con ayuntamientos socialistas, como, según este diario, había admitido él mismo anteriormente. Añadió que en los últimos meses ha participado “en diversas actuaciones que han tenido que ver con la seguridad de edificios e instalaciones de la Comunidad de Madrid”.
SERGIO GAMÓN
¿Quién es? Ex inspector de Policía y ex jefe de los escoltas de Esperanza Aguirre, fue director general de Seguridad en la Consejería de Interior hasta que fue destituido tras el mencionado escándalo del robo de un ordenador de Juan Carlos Fernández. Tanto él como su familia tienen una estrecha relación con Aguirre, según fuentes del PP citadas en Escolar.net. Sigue trabajando en Interior como director del Área de Seguridad.
¿Cuál es su papel en la trama? Era el director de Seguridad en la Consejería de Interior cuando, presuntamente, se llevaron a cabo los espionajes. Respondía de sus actividades ante Ignacio González o ante Alejandro Halffter, viceconsejero de Interior, pero no ante Granados.
ENRIQUE BARÓN
¿Quién es? Fue jefe superior de Policía de Madrid y es el actual director general de Seguridad de la Consejería de Interior, cargo en el que sustituyó a Sergio Gamón.
¿Cuál es su papel en la trama? Es, con Peña y Barón, la tercera cabeza del departamento de Seguridad de la Consejería de Interior, responsable supuestamente de la trama. No obstante, estos tres aparatos funcionan, según El País, de forma paralela, y no existe ninguna dependencia jerárquica entre Barón (director general), Gamón (director de área) y Peña (director de los asesores), pese a que el primero, por su cargo, debería ser el jefe natural de los otros dos.
¿Qué ha dicho? Asegura que no tiene ningún control sobre el grupo de Marcos Peña.
LOS LÍDERES
ESPERANZA AGUIRRE
¿Quién es? La presidenta de la Comunidad de Madrid.
¿Cuál es su papel en la trama? Es la principal responsable del Gobierno regional, en cuya Consejería del Interior se habrían gestado las supuestas unidades de espionaje.
¿Qué ha dicho? Asegura que todo es un montaje para derrocar su Gobierno. “Soy una víctima. Van a por mí”, ha dicho. Ha intentado relacionar veladamente a Rajoy, al asegurar que éste tuvo noticia de los dosieres contra González porque se encontraban en la sede de Génova, y que fue el mismo Rajoy quien la avisó a ella en 2006. También ha criticado a Gallardón, por dar por buenas las informaciones de El País. Ha afirmado así mismo que pone “la mano en el fuego” por sus consejeros y ha amenazado a El País con los tribunales. Además, ha señalado que la supuesta trama de espionaje “favorece al PSOE” y le perjudica a ella “en lo político y al PP en su conjunto”, porque “nuestro electorado está absolutamente desconcertado”.
ALBERTO RUIZ GALLARDÓN
¿Quién es? El alcalde de Madrid.
¿Cuál es su papel en la trama? El Mundo informó de que Gallardón también tiene una unidad parapolicial a su servicio, y Aguirre ha pedido que lo aclare. El alcalde ha dicho que “jamás” se le habría ocurrido crear una unidad policial de espionaje, y ha añadido que, de haber detectado algo así, “la habría disuelto de manera inmediata”. El concejal de Seguridad del Ayuntamiento de Madrid, Pedro Calvo, ha asegurado también que esta unidad no existe.
¿Qué ha dicho? Ha pedido que las investigaciones sobre la trama de espías de la Comunidad, tanto la que ha abierto un juez como la interna del PP, lleguen “hasta el final” y que se “depuren responsabilidades”: “Me parece un hecho gravísimo que merece una depuración de responsabilidades por parte de quien lo haya realizado, de quien lo haya ordenado y, en su caso, de quien lo haya financiado”.
MARIANO RAJOY
¿Quién es? El presidente del Partido Popular.
¿Qué ha dicho y hecho? Al principio, Rajoy manifestó que “[Esperanza Aguirre] me ha dicho que ni ella ni ninguno de sus colaboradores tienen conocimiento del asunto y yo les creo”. Más tarde, no obstante, Rajoy ordenó una investigación interna para esclarecer los hechos, algo que ha molestado a Aguirre. El pasado jueves, el presidente del PP pidió a su partido que “se eleve por encima del ombligo” y apoye a los candidatos en las próximas elecciones autonómicas. Destacó asimismo que destacado que los actuales son “momentos difíciles”, y no sólo en lo económico, refiriéndose, entre líneas, al escándalo del espionaje en Madrid.
Mª DOLORES DE COSPEDAL
¿Quién es? La secretaria general del PP.
¿Cuál es su papel en la trama? Investigarla. Rajoy le ordenó abrir una investigación interna y, desde el pasado jueves, la número dos del PP ya ha conversado con Esperanza Aguirre, Ignacio González, Francisco Granados y Alfredo Prada. Tiene previsto hablar, además, con Manuel Cobo, Álvaro Lapuerta y Mari Carmen Rodríguez Flores. Fuentes del PP indicaron a Europa Press que, por el momento, De Cospedal -que está recabando los datos junto con la vicesecretaria de Organización, Ana Mato- no ha llegado a ningún dado concluyente. Aunque no hay una fecha límite para poner fin a la investigación, la dirección nacional quiere cerrar cuanto antes este capítulo por entender que empaña la precampaña electoral de los comicios vascos y gallegos.
¿Qué ha dicho? “Es un disparate pensar que la dirección nacional va contra Aguirre”.
ESTEBAN GONZÁLEZ PONS
¿Quién es? Es el vicesecretario de Comunicación del Partido Popular
¿Qué ha dicho? Ha asegurado que la información recopilada en los seguimientos a los cargos del Ejecutivo de Esperanza Aguirre y del Ayuntamiento de Madrid “no se puede obtener sin la connivencia del Ministerio del Interior”, y ha exigido la intervención inmediata de la Fiscalía. El ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, tachó estas acusaciones de “infamia”.
MANUEL FRAGA
¿Quién es? El presidente fundador del PP.
¿Qué ha dicho? “Yo no sé absolutamente nada de este asunto, en mi tiempo no pasaban esas cosas. Y si alguien lo intentaba, yo le cascaba”.
LOS JUECES
JOSÉ SIERRA
¿Quién es? El titular del Juzgado de Instrucción número 47 de Madrid.
¿Cuál es su papel en la trama? Ha acordado abrir diligencias para esclarecer la supuesta trama de espionaje en la Comunidad de Madrid, al considerar que “los hechos presentan caracteres que hacen presumir la posible existencia de una infracción penal”. Lo ha hecho tras la denuncia que el pasado día 20 interpuso el secretario general del Gobierno de la Comunidad de Madrid, Salvador Victoria Bolívar, por los seguimientos a los que supuestamente fue sometido el vicepresidente regional, Ignacio González.
MANUEL MOIX
¿Quién es? El fiscal superior de la Comunidad de Madrid.
¿Cuál es su papel en la trama? Prevé citar a declarar a Francisco Granados, en el marco de las diligencias de investigación abiertas para esclarecer la existencia de delito en los hechos denunciados por Ignacio González y Manuel Cobo, relativos los seguimientos parapoliciales de los que habrían sido objeto en los últimos meses.
LA POLICÍA
La unidad de Asuntos Internos de la Policía Nacional ha abierto una investigación interna para averiguar si agentes del Cuerpo han facilitado información policial a las redes que supuestamente espiaron a políticos de Madrid.
También la Guardia Civil abrirá “próximamente” una investigación para analizar si hay algún agente de los suyos implicado.
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